| Constitució de 1812 |
El que diu ha estat a la vista de qualsevol que hagi seguit mínimament la fanfàrria que han organitzat els polítics a compte del 200 aniversari de la Constitució de 1812. Menys explicable i més decebedor ha estat que la majoria de mitjans de comunicació (començant pel propi El País) i els intel·lectuals i periodistes que habitualment hi col·laboren, amb notables però escasses excepcions, s'han sumat amb entusiasme a aquesta mistificació. Mistificació que comença per amagar que aquella constitució va ser flor d'un dia; que va ser abolida dos anys després per Ferran VII amb el recolzament explícit dels 69 diputats que varen firmar el "Manifest dels perses", i que la història real dels dos segles que varen vindre a continuació son, amb breus parèntesis, la història de la reacció absolutista.
El pasado hecho presente, aunque sólo en las partes que cumplen la función deseada. La Constitución de 1812 sería “un eslabón decisivo en el esfuerzo para la liberación de la Patria” (palabras del Rey) o “una de las mayores aportaciones a la cultura política universal” (Rajoy).
En vez de subrayar esos valores, reprimidos después durante tanto tiempo, lo que han destacado los discursos oficiales es la “unidad nacional” y el “espíritu de concordia”, las motivaciones patrióticas, en suma, que mejor sirven al presente.
Pese a lo bonita que puede resultar la celebración, no hay un hilo conductor que una aquel pasado de 1812 con el presente, como si la historia de España de los siglos XIX y XX hubiera sido una lucha continua del “pueblo” por mantener sus libertades. La historia dice más bien lo contrario: las constituciones del siglo XIX que más duraron fueron muy conservadoras y el siglo XX, hasta 1978, estuvo marcado por las dictaduras y la negación del constitucionalismo.
Manifest dels perses
Ninguna institución democrática actual ha querido o se ha atrevido a conmemorarla, celebrarla cuando cumple años (80 el pasado diciembre), y menos todavía reconocerla.
Insisteix en que aquestes interpretacions de la història "ampliamente difundidas por los medios de comunicación" falsegen i deformen la memòria popular, inventant en definitiva les tradicions. Cosa molt pròpia i definitòria, com han postulat historiadors com Eric Hobsbawm, dels nacionalismes.
Planteada de esa forma, la historia rescata tradiciones inventadas desde el presente y proporciona lecciones morales.
(...)
lo que debe siempre evitarse es buscar los hechos más convenientes para apoyar las ideas favoritas.
No situar los hechos en su contexto histórico apropiado conduce a perspectivas ahistóricas y a leer el pasado con los ojos del presente.
mientras tanto, las celebraciones oficiales siguen alimentando relatos míticos, simplificados, para consumo popular, a mayor gloria del poder.






